En la noche fuimos al supermercado con mi hermana menor, cuando estábamos en el área de frutas se nos acercó un niño de la calle a pedirnos dinero “para ajustar la leche y el corn flakes”; extrañado porque estuviera ahí el niño, en principio me negué porque no me termina de gustar la idea de dar dinero sin saber si cumplirá el objetivo, pero a la vez sentía que algo debía hacer…

Cuando comenzamos la fila para cancelar en caja le comenté esa sensación a mi hermana y me dijo: “Todavía hay tiempo…” así que sin pensarlo mucho lo fui a buscar y lo encontré, le dije que lo invitaría a la leche con la tarjeta, porque de veras no suelo andar efectivo…

El pequeño muy gustoso me dijo que prefería más la leche con chocolate y que para comer pues galletas… cuando llegamos a la parte donde estaban las galletas y le di a escoger señalo las Oreo… ¿Cómo culparlo? ¡Hubiera escogido lo mismo que él!

Cuando íbamos a caja con la leche y galletas él dijo con gratitud: “¡Ehhh que bien que hoy voy a comer!” Trague saliva hondo y seco para no llorar. Cuando pagamos se fue con una carita de alegría y un sincero: “Gracias, que tengan buena noche” En su inocencia él no se dio cuenta que el más agradecido ahí era yo.

Se menciona tantas veces a los pobres en la Biblia, ellos son importantes para Dios, es por eso que no debemos olvidarlos…

“Porque Él se pondrá a la diestra del pobre,

Para librar su alma de los que le juzgan.”

Salmos 109:31

Los hijos pobres

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Marcos Zúniga


Discípulo de Jesús | Blogger @BlogdeCristo | Promotor de Arte Dramático | Jr. Researcher | MBA | Ingeniero en Sistemas Computacionales


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